jueves, 10 de mayo de 2012

Elecciones en Argelia


jueves 10 de mayo de 2012
ABC

La desgana y la apatía están al pie de la calle en Argelia, donde hoy se celebran elecciones legislativas. La participación del 37 por ciento hace cinco años podría ser superior a la que algunos pronostican para la jornada del jueves. Las autoridades no son capaces de hacer llegar a la población los enormes ingresos que obtienen por los hidrocarburos.

Todo apunta a que el descontento que eso genera se reflejará con el alejamiento de unos comicios que el presidente Abdelaziz Buteflika quiere vender son convencer al pueblo como el aldabonazo definitivo de la democracia. El termómetro con el que habrá que medir la confianza de los ciudadanos en el jefe del estado será el porcentaje de asistentes a depositar su voto. «Butef» dio a entender en un mitin el martes que no se presentará a un cuarto mandato en las próximas presidenciales para dejar paso a una nueva generación más joven.

Por vez primera medio millar de observadores internacionales, entre ellos un grupo de la UE, podrán asistir a unas elecciones en las que participan el doble de partidos, 44, lo que es considerado como un signo de transparencia por parte de las autoridades.

De la media docena de formaciones islamistas destaca la denominada coalición Argelia Verde, integrada por tres de ellas y que se presentó en sociedad hace algo más de un mes. Los analistas sitúan a los islamistas como los que más poder ganarán en la nueva cámara. La coyuntura regional es importante en este sentido. Los conocidos como «barbudos» han vencido en las urnas en los vecinos Marruecos y Túnez y en el cercano Egipto.

Argelia, independizada a tiros de Francia hace ahora medio siglo y unas cinco veces más gran de que España, no se subió finalmente al tren de la Primavera Árabe a pesar de los intentos de miles de manifestantes por hacerse fuertes en la calle hace algo más de un año a la sombra de las revueltas en otros países.

Pesó entonces que el número de agentes desplegado era superior al de manifestantes. Y también la sangrienta guerra civil que dejó entre 10.000 y 200.000 muertos en los años noventa.

El origen de ese conflicto fue el empujón dado por los militares a los radicales del Frente Islámico de Salvación (FIS), que ganó la primera vuelta de las elecciones en 1991 y que iba sin freno a hacerse con las riendas del país. Esa misma élite con galones es la que sigue hoy mandando más que los civiles que integran el Gobierno y un Parlamento sin apenas margen de maniobra.

En todo caso, las formaciones islamistas que concurren a los comicios están mucho más preocupadas por la grave situación social de una parte importante de la población que por la imposición de la «sharía» (ley islámica).