EFE
El movimiento contestatario marroquí 20 de Febrero (20F) pidió hoy al presidente electo francés, François Hollande, que ponga fin a "la aberrante empresa" del tren de alta velocidad (TAV) en Marruecos, un proyecto que ha sido adjudicado a una empresa francesa y que fue inaugurado por el propio Sarkozy.

Concretamente, los firmantes consideran que con el dinero consagrado al TAV Marruecos podría construir 25.000 escuelas en zonas rurales, o 25 grandes hospitales universitarios totalmente equipados, o 16.000 kilómetros de carreteras rurales, proyectos todos ellos que consideran más importantes para salvar las brechas sociales.
Pero además, el 20F contesta la forma en que se adjudicó el proyecto del TAV, sin que hubiera una licitación pública, lo que a la postre se tradujo en "una venta francesa de un tren de alta velocidad decidida entre Nicolas Sarkozy y Mohamed VI, en desprecio de las reglas más elementales".
El TAV, previsto para 2015, permitirá enlazar las ciudades de Tánger y Casablanca (es decir, donde ya se concentra el peso económico del país) a una velocidad de 320 kilómetros/hora y reducirá a la mitad el tiempo actual de recorrido.
El proyecto ha sido muy polémico desde el principio: sus defensores opinan que va a crear puestos de trabajo y dar un impulso de modernización al eje atlántico marroquí, mientras que sus detractores consideran que va a traer mayores disparidades sociales en un país donde las zonas rurales son muy pobres, y va a suponer además una perpetuación del dominio francés sobre Marruecos.