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martes, 10 de abril de 2012

Los Tuareg proclaman la independencia de Azawad

Viernes 6 de abril de 2012
EFE

Argel - El grupo independentista tuareg Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA) ha proclamado la independencia de este territorio de 850.000 kilómetros cuadrados situado en el norte de Malí y ha pedido a la comunidad internacional su reconocimiento.

Milicianos del MNLA
En un comunicado firmado por el secretario general del grupo, Bilal Ag al Sharif, y difundido este viernes, el MNLA insistió también en el respeto de las fronteras de los países vecinos, Mauritania, Argelia, Níger y Burkina Faso.

Según Al Sharif, la decisión ha sido tomada después de contactos con los distintos órganos representativos del movimiento, que se levantó en armas contra el poder central de Bamako el pasado 17 de enero, para exigir la autodeterminación del territorio.

Asimismo, en la nota, en la que reclaman su derecho a fundar un estado de acuerdo con las leyes internacionales, se comprometen a «trabajar para garantizar la seguridad y avanzar hacia la construcción de las instituciones para culminar con la redacción de una constitución democrática para un estado Azawad independiente».

El territorio
En la nota, la denominada comisión ejecutiva del MNLA insta además a la comunidad nacional «a reconocer, sin tardanza, Azawad como un estado independiente». Además, explica que esta comisión ejecutiva se encargará de administrar los asuntos del nuevo estado hasta que se nombre una autoridad nacional azawad.

En declaraciones a la cadena de televisión «France 24», Mossa Ag Attaher, portavoz del MNLA, ha dicho: «Esta noche se ha proclamado solemnemente la independencia del Azawad». «Nos acogemos al derecho a la autodeterminación» recogido en los tratados internacionales y «nos comprometemos a respetar todas las fronteras» que separan el Estado autoproclamado «de los países limítrofes», ha asegurado.

«Asumimos completamente el papel que nos incumbe para dar seguridad a esos territorios», ha añadido el portavoz. «Tenemos una cultura milenaria de tolerancia» de «no imponer a nadie ninguna religión (...) y vamos a seguir así».

Hace dos días, el MNLA anunció el fin «unilateral de las operaciones militares», que entró en vigor ayer, después de que el Consejo de Seguridad de la ONU pidiera el fin de los ataques en el norte de Malí.

La rebelión tuareg se remonta a principios de la década de los años 90, y desde entonces se han producido varios rebrotes de esta crisis. Ésta amenaza ahora con una división del país ante la debilidad de la junta militar que gobierna Malí desde el pasado 22 de marzo y que parece incapaz de imponerse ante las críticas internas y las presiones exteriores que exigen el restablecimiento total del orden constitucional.

«Nula y sin efecto»
Las reacciones no se han hecho esperar y el presidente de la Comisión de la Unión Africana, Jean Ping, ha calificado este viernes de «nula y sin efecto» la declaración unilateral de independencia por parte de los rebeldes tuaregs del norte de Malí y ha instado al resto del mundo a no reconocer al nuevo Estado de Azawad.

Ping «condena firmemente esta declaración, que es nula y sin efecto», ha indicado la UA en un comunicado. Asimismo, «insta a la comunidad internacional en su conjunto a apoyar plenamente su posición de principio en África», ha agregado.

Por su parte, el Gobierno francés ha rechazado con rotundidad la declaración de independencia: «Una declaración unilateral de independencia que no tiene el reconocimiento de los países africanos no tiene significado alguno para nosotros», ha asegurado el ministro de Defensa galo, Gérard Longuet, en declaraciones a la agencia Reuters.

miércoles, 28 de marzo de 2012

El Azawad camina hacia la independencia al fracasar los acuerdos con los tuareg

Miércoles 28 de marzo de 2012
por Manuel Martorel
Cuarto Poder

Tras el golpe militar en Mali contra el presidente Amadou Toumani, los rebeldes tuareg han reiterado en un comunicado difundido a la prensa internacional su intención avanzar hacia la independencia del Azawad, han exigido a la junta militar que retire de este territorio “todas las fuerzas de ocupación” y le hace responsable de la vida de todas las personas originarias de esta región que viven en el resto del país.

El Azawad ocupa la mitad norte de Mali y está unido a la otra mitad por una estrecha franja de terreno que, en forma de “cuello de botella”, une dos realidades muy distintas. Poblado desde el siglo XVI por árabes y tuaregs, el Azawad forma parte del desierto del Sáhara. Por el contrario, el sur, donde se encuentra la capital –Bamako-, es una región de población negra con condiciones de vida propias de la sabana sudanesa, conectando ya en su parte meridional con el clima y paisaje tropical. En medio, flanqueada por las fronteras de Mauritania y Burkina Faso, se encuentra la curva del Níger, cuyas aguas bañan las históricas ciudades de Gao y Tombuctú, un importante atractivo turístico debido a sus peculiares edificaciones de barro.

Desde su independencia de Francia en 1960, Mali ha vivido varias revueltas tuareg, de forma especial en los años 90, surgiendo recientemente, al fracasar los acuerdos de paz firmados el año 2006, una nueva organización armada: el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA). Este grupo reinició las hostilidades el pasado 17 de enero. Desde entonces no ha dejado de cosechar éxitos militares, hasta el punto de arrinconar a las fuerzas gubernamentales en torno a las ciudades  más pobladas. Finalmente, un sector del Ejército, descontento con la gestión de la crisis tuareg, decidió el 21 de marzo dar el golpe de Estado que ha derribado al Gobierno y ha suspendido las garantías constitucionales.

El MNLA sitúa como origen de la actual insurrección el incumplimiento por parte de Bamako de los acuerdos establecidos ese año de 2006, que, a su vez, intentaban resolver el fracaso de los firmados en 1992. Según estos pactos, los militantes del entonces Frente Popular para la Liberación del Azawad (FPLA) debían quedar integrados en las fuerzas armadas de Mali, además de crear unidades especiales para desalojar a Al Qaeda y a otras bandas criminales de la zona.

Según denuncian los representantes tuaregs, en el año 2008 se formaron únicamente cinco de estos equipos sin el armamento adecuado para hacer frente al peligro yihadista, demostrando así que el Estado, “cincuenta años después de su creación, era incapaz de asumir su responsabilidad” para garantizar la seguridad de la población. Este hecho ha llevado al MNLA a tomar las armas de nuevo para expulsar a todos los que “ocupan ilegalmente este territorio, incluidos los terroristas de Al Qaeda”.

De acuerdo con  sus explicaciones, los integrantes del MNLA procederían del antiguo FPLA, de la Alianza por el Cambio Democrático y del Movimiento Nacional del Azawad, una asociación que, durante varios años, ha intentado negociar con el Gobierno central una autonomía para la región.


El conflicto tuareg de Mali viene de lejos. De hecho, se podría considerar que estas revueltas no serían otra cosa que el último episodio de un secular enfrentamiento entre esta etnia y la población negra del sur, un choque cultural que se remonta a la desintegración  del Imperio Songhay a finales del siglo XVI.

El songhay fue el último gran imperio negro del África Occidental. Desapareció al ser derrotado por una expedición enviada por el sultán de Marraquech en busca de nuevos recursos y para controlar la ruta de la sal. Se da la circunstancia de que esa expedición estaba  integrada, fundamentalmente, por moriscos andaluces, al frente de los cuales se encontraba un prestigioso comandante, igualmente andalusí: Yuder Pachá, nacido en Cuevas de Almanzora (Almería) con el nombre de Diego de Guevara.

Yuder logró derrotar a los songhay, muy superiores numéricamente, debido a que buena parte de sus hombres iban provistos de arcabuces, armas de fuego que los songhay todavía no manejaban. Por esta razón, la nueva comunidad que se formó, al mezclarse estos moriscos con la población local, recibió el nombre de “los arma”, una élite social que durante siglos conservó costumbres y palabras castellanas vinculadas a su pasado andalusí.

A finales del siglo XVI y comienzos del XVII, “los arma” ya tuvieron que hacer frente a ataques tuareg. Desde entonces subsiste el enfrentamiento entre la cultura songhay (de raza negra, tardíamente islamizada y con una economía agrícola) y la bereber o tuareg (de tez más clara, depositaria del islam y de vida nómada).

Incluso, en base a esta población sedentaria y en respuesta al Pacto Nacional entre los tuareg y el Gobierno del año 1992, surgió en los años 90 la organización racista negra Ganda Koy. Los Ganda Koy se dedicaron a alimentar el odio contra los “orejas rojas” del desierto y colaboraron con fuerzas del Ejército de Mali en las operaciones de limpieza. Según datos de Amnistía Internacional, entre abril y agosto de 1994, un millar de personas fueron asesinadas, 400 de ellas en la ciudad de Tombuctú.

En sus comunicados, los Ganda Koy llamaban a combatir  “sin piedad a los terroristas, enemigos de la unidad nacional” y “a defender la integridad territorial de Mali”, unos argumentos que recuerdan a los esgrimidos por los actuales golpistas, quienes también acusan al presidente Amadou Toumani de negociar un acuerdo con los separatistas.

sábado, 24 de marzo de 2012

Advertencia tuareg a Occidente: “Somos el único dique ante Al Qaeda en el Magreb”

Sábado 24 de marzo de 2012
Manuel Martorell
Cuarto Poder

Los hechos de Toulouse eran una noticia anunciada; que ocurrieran era solo cuestión de tiempo, y lo extraño es que no hayan sucedido antes, bien en Toulouse, Marsella, Barcelona o Valencia. Haya actuado siguiendo consignas de la matriz afgano-paquistaní o de su franquicia en el Magreb, no hace falta ser ningún experto en grupos salafistas o yihadistas –como se les prefiera llamar- para saber que las metrópolis de Francia y España son caldo de cultivo para que germinen las células de Al Qaeda.

El problema no estriba tanto conocer la amenaza como en localizar a quienes la van a materializar. Pero aún es más importante diseñar la estrategia adecuada para impedir que el Magreb sea utilizado como plataforma y base de operaciones en sus atentados de Europa. Las distintas organizaciones bereberes, probablemente el movimiento político de mayor emergencia en todo el norte de África, no han dejado de advertirlo en los últimos años.

Para Europa y el conjunto de Occidente es vital, en el sentido más literal del término, apoyar las tendencias que, como ellos, se oponen a los planes yihadistas y defienden los principios democráticos. Solo de esta forma se podrá neutralizar, en su propio terreno, una capacidad de acción que Al Qaeda en el Magreb ya ha demostrado con creces.

No es ninguna casualidad que hayan sido las organizaciones amazigh –como prefieren denominarse los bereberes- las primeras en denunciar las inclinaciones salafistas del Consejo Nacional de Transición de Libia o los titubeos con los radicales de Enahda, el partido islamista que ganó las elecciones en Túnez.

Hace años también denunciaron al Estado argelino por fomentar el integrismo para frenar el sentimiento autonomista en la populosa Kabilia, de la misma forma que siguen cuestionando la auténtica implicación del Estado para acabar con los grupos que aterrorizan esta región argelina.

Tampoco es ninguna sorpresa que los jóvenes activistas bereberes sean uno de los componentes fundamentales del 20 de Febrero (20F), principal impulsor del proceso democratizador en Marruecos. El último ejemplo: la nueva revuelta en la región del Rif, cuyo desencadenante fue precisamente la detención de un destacado militante del 20F en Beni Bouayach.

En todos estos casos, las denuncias amazigh ponen sobre el tapete las dos grandes concepciones políticas que se enfrentan, incluso con las armas, en todo el norte de África. Por un lado, el Estado laico y democrático, con el islam como referencia cultural, que propugnan las distintas organizaciones amazigh; por otro, el proyecto de Estado arabo-islámico basado en la charia (ley islámica) que defienden los salafistas.

En algunas ocasiones, este choque se produce en zonas donde están presentes ambas fuerzas, como está ocurriendo en la volátil intersección de las fronteras mauritana, argelina y de Mali, no muy lejos del Sáhara Occidental. Es la principal base de operaciones de Al Qaeda en el Magreb, pero también el territorio donde, desde hace dos décadas, actúan los grupos tuareg que reivindican la independencia del Azawad.

Aquí es donde han ocurrido numerosos secuestros de occidentales, entre ellos de algunos españoles, y donde los salafistas intentan arrebatar a los “hombres azules” su “base social”, aprovechando la reacción que provoca entre los jóvenes más radicales que los países europeos estén respaldando a los Gobiernos de la zona. De acuerdo con algunas informaciones, Al Qaeda en el Magreb habría intentado, incluso, ofreciendo fuertes sumas de dinero, casar a militantes suyos con jóvenes tuareg, además de tantear a saharauis hartos de que la ONU no encuentre una solución definitiva al contencioso de la antigua colonia española.

Se sabe que dirigentes tuareg han colaborado con los servicios secretos occidentales en la lucha contra Al Qaeda y que también han hecho de intermediarios para resolver algunos de los secuestros, siendo los primeros interesados en expulsar de su tierra a estos grupos ajenos a la idiosincrasia amazigh. Así lo reiteraba solo hace unos días el Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA) en una carta dirigida al presidente del Congreso Mundial Amazigh (CMA), el libio Fatih Khalifa, con motivo de la conferencia internacional que esta organización celebró el pasado 10 de marzo en Rabat, la capital de Marruecos.

En su misiva, donde el MNLA también se solidarizaba con el Movimiento para la Autonomía de la Kabilia argelina (MAK), volvía a denunciar las masacres de civiles en la guerra que le enfrenta al Ejército de Mali. El MNLA, que desde enero ha ocupado varias localidades del norte del país, acusa al Ejército de utilizar contra ellos el armamento y material entregado por las potencias europeas y EEUU para luchar contra Al Qaeda, además de incumplir los acuerdos firmados con ellos con este objetivo.

En el mismo comunicado, la principal organización amazigh de Mali, cuyos avances militares han provocado el golpe de Estado en Bamako, también sale al paso de las informaciones que le asocian con ese y otros grupos salafistas. El MNLA, como han hecho los representantes bereberes reunidos en Rabat, reitera su compromiso por un sistema político basado “en los principios de la democracia” y se opone a quienes “quieren instaurar un régimen teocrático en total contradicción con nuestros fundamentos culturales y cívicos”, advirtiendo, de paso, que en esta sensible zona, plataforma para la actuación de Al Qaeda en Europa, los tuareg –los amazigh del desierto- “son el único dique contra esta organización terrorista”.