Maggie Michael, AP
Una milicia revolucionaria controla el aeropuerto. Otras dividen en feudos los vecindarios de la capital libia. Se enfrentan en la calles, aterrorizando a los residentes. Retienen a personas en prisiones improvisadas donde se dice que prolifera la tortura.

Las milicias revolucionarias se consideran los héroes de Libia, los que sacaron al Kadafi del poder y quienes ahora son responsables de la seguridad en las calles porque la policía y el ejército no existen. Insisten en que no entregarán las armas a un gobierno que es demasiado débil, demasiado corrupto y, ellos temen, demasiado dispuesto a permitir que elementos de la vieja dictadura regresen a posiciones de poder.
“Estoy harto”, dijo el comandante de una milicia del pueblo de Zintan, ubicado en las montañas en el oeste, y que controla el aeropuerto de Trípoli. Al-Mujtar al-Ajdar considera que los políticos libios culpan injustamente a los rebeldes por el caos en el país pero no hacen nada por lograr un cambio real.
Ellos creen que los “revolucionarios ahora no tienen cabida en Libia”, agrega al-Ajdar, quien era propietario de una agencia de viajes en Zintan hasta que tomó las armas contra Kadafi y ahora viste uniforme militar. “Pagamos un precio muy alto por la revolución, no por un bendito asiento o autoridad, sino por libertades y derechos”.
Como resultado, Libia ha ido cuesta abajo, de ser un país donde todo el poder estaba en manos de un hombre, a uno que está divido en cientos de manos diferentes, cada una tomando sus propias decisiones. El Consejo Nacional de Transición, que oficialmente gobierna al país, batalla para incorporar a las milicias al ejército y la policía, mientras trata de poner de pie la economía y dar nueva forma a las oficinas del gobierno, tribunales y otras instituciones hundidas bajo el gobierno de Kadafi.